1. Sensaciones sexuales (IV)


    Fecha: 13/06/2024, Categorías: Confesiones Autor: ramirogal, Fuente: CuentoRelatos

    Imaginé que Lauty me iba a invitar a salir. Tenía muchas ganas de decir que sí, pero me pareció que la mejor respuesta era: dejame pensarlo y te aviso.
    
    Mientras coqueteaba con esa situación, una vez más, mi madre golpeó a la puerta. No tenía tiempo de vestirme así que solo atiné a envolverme con el toallon y simular que aún me estaba secando.
    
    -Marisa! Necesito que vayas a la farmacia a comprar ibuprofeno que ya no hay más- me pidió sin mucho preámbulo.
    
    -Esta bien, me visto y voy.
    
    La farmacia estaba a la vuelta de mi casa, en la misma manzana. No tenía siquiera que cruzar una calle. Así que me puse la ropa interior, un vestido cómodo, mis ojotas favoritas, y me dirigí a cumplir con el pedido de mi madre.
    
    Entré al lugar y me llamó la atención que Elba, la farmacéutica, una mujer de unos cincuenta y largos años, estaba con el brazo enyesado. Atendiendo a un señor que era el primero de la fila de tres personas, le decía que se había caído y fracturado el radio. Y que iba a tener muchos días para recuperarse. Pensé ¡qué dolor!
    
    De repente me quedé paralizada. La chica que estaba delante mío tenía, debajo de un pareo que traía, una malla que ya había visto antes. ¡Sí! era ella. La chica que había visto desde la terraza mientras se estaba cambiando.
    
    Se retiró el señor que estaba atendiendo, acompañado supongo que por su mujer. Así que ahora le tocaba el turno a esta chica. Estábamos muy cerca así que escuché la conversación que tenía con Elba. Necesitaba comprar diclofenac inyectable, cuatro ampollas.
    
    Elba buscó la caja, pero le dijo que por el estado en que tenía el brazo no se lo iba a poder aplicar. Necesitaba buscar un enfermero o ir a un centro de salud. Así que también le acercó las cuatro jeringas correspondientes.
    
    No pude con mi genio y me acerqué. Le dije que si no conocía a nadie yo se la podía aplicar. Mi padre es diabético desde que yo tengo memoria, y si bien él se inyecta insulina, muchas veces le baja demasiado el azúcar así que debo aplicarle glucosa mediante una inyección. Mi madre y yo tenemos prácticamente un doctorado en eso.
    
    Ella me dijo que vivía en esa misma cuadra y que si podía me pagaría lo que corresponde. Por supuesto le dije que no era por dinero, sino para facilitarle las cosas. Le recordé que era importante que tuviera alcohol y un poco de algodón. Me dijo que sí, Esperó que yo compre lo que fui a buscar y juntas nos fuimos a su casa.
    
    En el camino me dijo que se llamaba Andrea, también tenía 19 años y estudiaba Hotelería. Desde los 7 años que vive en esa casa pero nunca nos habíamos cruzado. Llegamos a su casa y me invitó a subir a su dormitorio. Ya lo había visto desde afuera, pero ahora podía verlo en su totalidad. Era muy grande, ventilado, muy ordenado. Daba placer estar ahí.
    
    -¿Cómo te parece mejor? ¿parada o acostada?- me dijo con una voz un poco temblorosa
    
    -Acostada es mejor. ¿tenés miedo? Esto es algo muy simple y no duele.
    
    Mientras le decía eso ella me acercaba el alcohol y ...
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